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Historia del Movimiento Barra Brava en Argentina

Publicado el 06/07/2014

Una barra brava, en Argentina, es un grupo organizado dentro de la hinchada de un club de fútbol que cumple varias funciones prefijadas y organizadas, como la realización de cánticos (canción de cancha) y el despliegue de material pirotécnico durante el desarrollo de los partidos con la finalidad de alentar a su equipo. Tienen la característica el ser generadores de diversos incidentes dentro y fuera del estadio, muy a menudo con el empleo de armas blancas y de fuego.

Las barras bravas, se identifican con la utilización de banderas (denominadas trapos) con los colores del club, los cuales (según algunos autores) tienen el carácter sagrado similar al del tótem, y diversos instrumentos musicales, particularmente los bombos. Estas barras también se caracterizan por ubicarse en las tribunas populares, aquéllas que frecuentemente carecen de asientos y donde los espectadores deben ver el partido de pie.

La violencia en el fútbol argentino ha estado presente prácticamente desde sus comienzos, aunque las barras bravas fueron un fenómeno posterior. Desde el primer asesinato registrado, ocurrido en Montevideo, en 1924, luego del último partido del Campeonato Sudamericano entre los locales y la selección argentina, hasta comienzos del siglo XXI, este fenómeno se ha cobrado una cifra estimativa de por lo menos un centenar y medio de víctimas fatales y gran cantidad de heridos. Hasta el año 2000, sólo 16 casos terminaron en condena, involucrando a 33 personas.


Origen y desarrollo

Se tienen noticias de la violencia en el fútbol argentino desde principios del siglo XX tanto en los partidos del campeonato local como en los partidos entre Argentina y Uruguay, en Buenos Aires y en Montevideo. El primer hecho que trascendió se produjo en el último partido del Campeonato Sudamericano de 1916, que definiría al campeón, disputado el 16 de julio de 1916 en el estadio de Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires. Debido a la sobreventa de entradas 40 mil personas se acercaron a ver el partido en un estadio que sólo podía albergar a la mitad. El encuentro fue suspendido debido a los desmanes producidos en las tribunas, las cuales terminaron incendiadas. También el primer superclásico, disputado en 1913, terminó con un enfrentamiento entre las hinchadas.

El primer asesinato relacionado con el fútbol argentino se produjo en Montevideo, Uruguay, en 1924. El 2 de noviembre, tras disputarse el último partido del Campeonato Sudamericano que coronó a los locales, se produjeron incidentes frente al hotel donde se alojaba el seleccionado argentino, interviniendo en la pelea hinchas uruguayos e hinchas y jugadores argentinos. Durante los incidentes, el argentino José Lázaro Rodríguez disparó contra Pedro Demby, quien fallecería el día después. Rodríguez logró escapar y regresar a la Argentina, gracias a la ayuda de jugadores argentinos, en un buque que partió una hora antes de lo programado y no fue interceptado por la policía. La policía uruguaya logró identificarlo gracias a una fotografía publicada el 4 de noviembre en el diario argentino Crítica, en donde se lo veía cenando con jugadores argentinos. Fue detenido el 24 de ese mes, pero nunca fue deportado.

El 14 de mayo de 1939, en el estadio de Lanús, la violencia se cobró sus primeras víctimas fatales en territorio argentino. En un partido por la cuarta división entre Boca y el local, tras una falta cometida por un jugador de Lanús, los jugadores comenzaron a pelearse. Al ver esto los hinchas de Boca quisieron derrumbar el alambrado e invadir el campo de juego, lo que motivó que la policía realizara disparos para dispersarlos. Pero un policía, llamado Luis Estrella, disparó hacia la tribuna, alcanzando a dos espectadores: Luis López y Oscar Munitoli, un menor de 9 años.

Pero esta violencia no era sólo entre hinchas, sino también contra los árbitros. El 27 de octubre de 1946, durante un partido entre Newell's Old Boys y San Lorenzo en Rosario, intentaron ahorcar al árbitro Osvaldo Cossio. El partido iba igualado en dos goles cuando Cossio anuló un gol de los locales, empeorando la situación cuando en la jugada siguiente San Lorenzo convirtió el tercer gol. Promediando el minuto 89 del partido, varios hinchas ingresaron al campo de juego logrando golpear al árbitro e intentándolo ahorcar con su propio cinturón.

Pero este fenómeno sufrió una importante transformación a finales de la década de 1950. El periodista Amílcar Romero establece el año 1958 como el comienzo de las barras bravas actuales, con el asesinato de Alberto Mario Linker. Debido al asesinato de este hincha de River Plate, en octubre de 1958, la sociedad toma conocimiento de la existencia de grupos organizados al aparecer notas en la prensa que hablan de "barras fuertes". La llamada "industrialización del fútbol" fue el puntapié inicial para esa organización, ya que se necesitaba controlar todos los aspectos que intervenían en el juego. Antes del surgimiento de estos grupos, cuando un equipo jugaba de visitante era presionado por la hinchada rival. Esto motivó la organización de las barras bravas como respuesta a esa presión:

"En el fútbol argentino ya estaba institucionalizado que si uno jugaba de visitante era inexorablemente apretado. Aunque no se tratara de barras bravas tal como las conocemos hoy. Los locales te apretaban y la policía, si no miraba para otra parte, también te apretaba. Eso hubo que compensarlo con una teoría, que en la década siguiente fue moneda corriente: a todo grupo operativo con una mística y capacidad de producir violencia la única manera de contrarrestarlo es con otro grupo más minoritario, con tanto o más mística para producir violencia." Amílcar Romero

De esta forma cada club comenzó a tener su barra brava, las cuales eran financiadas por los dirigentes de la institución. A estos grupos les eran entregadas entradas y se les pagaba los viajes a los estadios, sumándose luego otras formas de financiación. Pero el acceso a estos "beneficios" por parte del barra brava dependía de la jerarquía que tenía dentro de la barra. Para obtener ese prestigio se debía ser violento, por lo que comenzó a aumentar la cantidad de muertos: desde 1924 a 1957 sólo se habían producido 12 muertes relacionadas con el fútbol, de las 237 que se produjeron hasta 2003.

A partir de la muerte de Linker comienza en el fútbol argentino una etapa marcada por el incremento en el número de muertes. De acuerdo con Amílcar Romero, entre 1958 y 1985 se producen en Argentina 103 muertes relacionadas con violencia en el fútbol, es decir, en promedio una cada 3 meses. Sin embargo, aclara también que el origen de estas muertes no siempre es el enfrentamiento en el estadio y van desde el choque premeditado entre barras bravas fuera de las instalaciones deportivas, la represión policial ante desórdenes o falta de seguridad en los estadios.

Una de las características de las barras bravas a partir de esa fecha es la agudización del nivel de violencia. Pero esta violencia no es exclusiva de los clubes con mayor poder económico, sino que es posible encontrarla en equipos de todas las categorías. Teniendo en cuenta el período 1967 - 2008, 144 muertos, las muertes relacionadas con el fútbol se produjeron mayoritariamente en la Primera División, el 56% del total, seguida de la Primera B Nacional con el 14%, los torneos regionales con 8% y la Primera B con 6%. A partir de la década de 1990, la violencia y la cantidad de víctimas creció aceleradamente.

En cuanto a la distribución geográfica, las zonas donde se registraron la mayor cantidad de muertes son los Partidos del Gran Buenos Aires (27%), la ciudad de Buenos Aires (23%) y Rosario (8%). En cuanto a la modalidad, el 39% se produce por arma de fuego, el 13% por arma blanca y otro 13% debido a la represión policial.

En los últimos tiempos los enfrentamientos entre diferentes sectores de las barras bravas han aumentado los niveles de violencia y la cantidad muertos. El 9 de agosto de 2007 fue asesinado Martín Gonzalo Acro, barra brava de River Plate, como parte de un enfrentamiento entre dos sectores de Los borrachos del tablón. El mismo fenómeno ha sucedido en otros clubes, por ejemplo en Boca Juniors, Newell's Old Boys, Estudiantes de La Plata Rosario Central, o San Lorenzo. El porcentaje de víctimas en enfrentamientos entre la propia hinchada pasó del 3% en 1989, al 8% en 2001 y el 17% en 2009.

Desde mediados de 1985 han existido propuestas para intentar erradicar la violencia. En 1985, luego del asesinato de Adrián Scaserra, fue sancionada la Ley 23.184, conocida como la Ley de la Rúa. Esta ley sancionaba penalmente el ingreso con armas a los estadios, el impedir el normal desarrollo del partido, los destrozos de las instalaciones deportivas y al "que determinare, promoviere o facilitare de cualquier modo la formación de grupos destinados a cometer alguno de los delitos previstos". En la Ciudad de Buenos Aires permitía un régimen contravencional que habilitaba la prohibición de concurrencia. En 1993 se sancionó la Ley 24.192 que modificó la ley anterior, cambiando las penas y estableciendo un régimen de responsabilidad civil y la posibilidad de clausurar el estadio. Finalmente, en 2008, se modificó nuevamente la ley permitiendo a los jueces disponer una medida cautelar que le impida al acusado, por alguno de los delitos mencionados, concurrir a menos de quinientos metros del lugar donde se realiza el partido.

En varias ocasiones el Poder Judicial suspendió el desarrollo de los torneos de la AFA. En 1998 el juez Víctor Perrota suspendió los torneos de fútbol profesional al determinar que los clubes no podían garantizar la seguridad ya que no tenían la capacidad de ejercer el derecho de admisión, determinando también que la policía no contaba con personal suficiente. El juez había actuado en base a un recurso de amparo presentado por la Fundación Fair Play que denunciaba la falta de seguridad en los estadios, por lo que solicitó a los dirigentes de los clubes que le suministraran información sobre los barras bravas, pero al no obtener una respuesta favorable decidió la suspensión del torneo. A fines del mismo año suspendió nuevamente los torneos del ascenso, tras incidentes entre Chacarita Juniors y Deportivo Morón. En septiembre de 2003 se volvió a suspender el fútbol cuando el juez Mariano Bergés le ordenó a la Policía Federal Argentina que no brinde seguridad en los estadios durante dos semanas, mientras estaba al frente de la causa judicial iniciada por los incidentes ocurridos en un partido entre Boca y Chacarita.

A mediados de la década de 2000, se comenzó a aplicar en mayor medida el derecho de admisión. En 2009 varios clubes de Buenos Aires y el Ministerio del Interior firmaron un convenio para delegar la aplicación de esta medida al Estado, autorizando a la Subsecretaría de Seguridad en los Espectáculos Futbolísticos a realizarla.38 Para evitar los enfrentamientos, el 31 de julio de 2007 el Comité Ejecutivo de la AFA determinó, mediante una resolución, que en las categorías del Ascenso no se permitiría el acceso del público visitante a los estadios.

A fines de 2009 se creó la ONG Hinchadas Unidas Argentinas, que agrupa a barras bravas de diferentes clubes. El proyecto, ideado por el político kirchnerista Marcelo Mallo, implicó pagarle a 250 barras bravas el viaje a la Copa Mundial de Fútbol en Sudáfrica, a cambio de que no se produzcan hechos de violencia. Las barras que integran la organización desplegaron en las tribunas banderas con alusiones a Néstor Kirchner, ex Presidente argentino y esposo de la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner, por lo que se acusó al gobierno de financiarlos. Sin embargo, las acusaciones fueron desmentidas por el Jefe de Gabinete Aníbal Fernández y por la propia organización. Los barras de HUA lograron viajar al torneo, aunque algunos protagonizaron incidentes.

La barra brava de River Plate se dice que es la mas reconocida y potente de Argentina, se puede tener en cuenta tambien mirando un partido de futbol en vivo. Uno de los ejemplos mas considerados, es el de la vuelta de la final de la Copa Libertadores de America en 1996, la cual tuvo lugar en la cancha de River y este, se dice a nivel mundial, que le hizo el mayor recibimiento al equipo en la historia futbolistica mundial.


Identificación y aguante

Diferentes especialistas, coinciden en que cada hinchada se percibe a sí misma como custodio de la identidad del club. Éste era antiguamente un lugar compartido con los "jugadores símbolo" y los dirigentes comprometidos con la institución. Sin embargo, la rápida venta de jugadores desde los denominados equipos chicos a los denominados grandes o desde cualquier equipo hacia uno extranjero, especialmente europeos y mexicanos, causó que la identificación con algún jugador sea poco probable debido a la poca continuidad que tienen en el club. Pero, a diferencia del resto de los actores, las hinchadas sólo pueden proponer la defensa de los símbolos, los colores y el estadio, en oposición a la hinchada del equipo contrario.

"Las hinchadas desarrollan, en consecuencia, una autopercepción desmesurada, que agiganta sus obligaciones militantes: la asistencia al estadio no es únicamente el cumplimiento de un rito semanal, sino un doble juego, pragmático y simbólico. Por un lado, por la persistencia del mandato mítico: la asistencia al estadio implica una participación mágica que incide en el resultado. Por el otro: la continuidad de una identidad depende, exclusivamente, de ese incesante concurrir al templo donde se renueva el contrato simbólico. Como señalamos, esas obligaciones se extienden hacia una práctica real: la defensa del territorio propio frente a la invasión de la hinchada ajena." Alabarces (2000), p. 217.

Este proceso crea una profundización en la fragmentación, no sólo en oposición de un "otro" radicalmente negativizado (fragmentación externa), sino también dentro de la misma hinchada (fragmentación interna). La fragmentación externa puede producirse, a diferencia del fenómeno registrado en Europa, de cuatro formas:50 entre regiones, entre ciudades, entre barrios y entre instituciones del mismo barrio. La fragmentación interna fue un fenómeno novedoso, y se produjo por el surgimiento de agrupaciones con nombres propios dentro de hinchada. Generalmente el "poder", el acceso a los medios de financiación, se encuentra centralizado en un grupo o en la fusión de varios, pero otras veces existen peleas para adquirir todo o parte de ese "poder".

La violencia es vista por algunos autores, como Patrick Mignon, como una forma de visibilidad por parte de los individuos excluidos, siendo esta exclusión no sólo económica. Pero según otra visión,54 esta forma de visibilidad puede ser un medio, además, para obtener jerarquías en un ranking imaginario: el ranking del aguante. Este ranking del aguante define supuestas jerarquías sobre quien defiende mejor los símbolos de la institución "más allá del dolor y la desilusión, más allá de la victoria o la derrota". El aguante se ha convertido, en este marco, en una categoría ética. En términos prácticos, el aguante se demuestra con la defensa de un espacio, no sólo mediante la pelea cuerpo a cuerpo sino también mediante métodos de intimidación. La señal televisiva TyC Sports transmitía un programa llamado El Aguante, en el cual hinchas de diferentes clubes que concurren a los estadios expresan lo que sienten por su club y por el rival.


Financiación

Cada barra brava tiene sus medios de financiación particulares. Sin embargo, la generalidad obtiene ingresos por el dinero que le dan dirigentes, políticos y jugadores, la venta de drogas, los trapitosnotas y la reventa de entradas. Estos delitos, según algunas denuncias, se realizan muchas veces con la complicidad de las fuerzas de seguridad:

"En Vélez descubrimos que varios de la barra vendían drogas en la confitería del club. Fuimos a la policía y pusieron dos agentes a seguirlos y cuidar la zona. A los dos meses esos policías eran socios de los hinchas." Raúl Gámez, ex presidente del Club Atlético Vélez Sársfield.

Desde un principio los dirigentes contribuyeron con entradas, ya sea para que entren gratis o para la reventa. Pero actualmente las barras bravas no son utilizadas sólo para las funciones originales, sino también para presionar a jugadores para la firma o rescisión de los contratos. Muchos dirigentes contratan barra bravas en sus empresas o para resguardar la seguridad en los espectáculos realizados en el estadio del club, intentando ocultar la entrega de dinero. También les pagan para ayudarlos en la política del club, presionando a los rivales que se presentan en las elecciones.

Pero muchas veces son presionados para contribuir, amenazando con realizar disturbios durante los partidos y causar la suspensión de los mismos. Éste es el caso, por ejemplo, del incidente producido el 12 de agosto de 2006, cuando barras de Godoy Cruz, de Mendoza, se enfrentaron con la policía al querer entrar gratuitamente, luego de que la dirigencia les entregó 200 de las 400 entradas que pretendían. Estas presiones también alcanzan a los jugadores, que deben aportar parte de su sueldo.

La relación entre la política y las barras es muy importante. Varios políticos las utilizan como grupos de choque para sus campañas electorales. Un ejemplo de esto es la utilización de la barra del Club Deportivo Morón por parte de Juan Carlos Rousselot. Rousselot, en ese momento Intendente de Morón, la utilizó para suspender una sesión del Concejo Deliberante en la que se cuestionaba un plan de obras públicas propulsado por él. En enero de 1993 el entonces presidente Carlos Menem le conmutó la pena a Emilio Narváez Chávez, barra brava de San Lorenzo de Almagro, condenado por asesinar a Saturnino Cabrera, socio de Boca Juniors, el 14 de diciembre de 1990 en La Bombonera.

Ha sido importante, también, la relación entre Luis Barrionuevo, dirigente sindical y político peronista, y la barra brava de Chacarita Juniors. La barra brava de este club, presidido durante varios años por Barrionuevo, tuvo incidencia en diferentes situaciones políticas de la Argentina. En 1988 integraron el brazo civil del tercer alzamiento carapintada, encabezado por el coronel Mohamed Alí Seineldín contra el presidente radical Raúl Alfonsín. Pero el hecho más significativo se produjo en marzo de 2003, cuando debían realizarse en la Provincia de Catamarca las elecciones para gobernador. La candidatura de Barrionuevo había sufrido una impugnación, ya que no alcanzaba la residencia mínima que exige la legislación. Debido a esto, el día de la elección se produjeron incidentes en la provincia que obligaron a la suspensión de la misma. Entre los detenidos por los disturbios se encontraban integrantes de la barra brava de Chacarita.

También existe una relación muy estrecha entre Los Diablos Rojos, barra brava del Club Atlético Independiente, y el líder de la CGT Hugo Moyano. El jefe de un subgrupo de esa barra (y uno de los jefes de ella), apodado Polaco, es guardaespaldas del dirigente sindical. Además, un integrante de esa barra, Emilio Quiroz, se hizo conocido el 17 de octubre de 2006 en los incidentes producidos durante el traslado de los restos de Juan Domingo Perón a una quinta ubicada en San Vicente. Allí, Quiroz disparó contra un grupo de sindicalistas de la UOCRA, durante un enfrentamiento entre éstos y el Sindicato de Camioneros. Entre los miembros del otro gremio también se encontraban barra bravas de Estudiantes de La Plata y Defensores de Cambaceres.

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